Edición 453: El gobierno británico terminó reconociendo la victoria de Maduro

Unos cinco días después de las elecciones y a la vez, diplomáticamente, mantuvo sus reservas sobre el proceso del reconteo de votos. Así que emitió un comunicado que busca complacer a ambos bandos de la contienda política: un arreglo típicamente británico. Vale constatar que no satisfizo a los sectores más radicales de la oposición, sobre todo en el mismo Reino Unido.

Dentro de los opositores radicados en Londres que se congregaron en protesta frente a la Embajada venezolana en Cromwell Road (en la vecindad de los famosos museos de las ciencias) se podían apreciar obvias diferencias. La diferencia básica radica en el número de estrellas que adornan las banderas y pancartas. La mayoría de los que protestaron a favor de “su presidente” (Capriles) se identifican con el símbolo de 7-estrellas, indicando un ansia de retornar al pasado pre-chavista. Pero los más nuevos —siguiendo a Capriles— parecen preferir la bandera de ocho estrellas. Si es que no me equivoco. Como candidato Capriles dio gato por liebre a los del Gobierno apropiándose de la gorra tricolor (con estrellas) y obligando a PSUV de colocar el emblema de 4F como distintivo. ¡Un descuido colosal!

Volviendo a la oposición en el RU, hasta ahora no hay conflictos abiertos entre estas dos tendencias por el factor único que los une: una alianza de conveniencia y un pacto tácito de oposición cerrada a todo lo que huele a chavista. Pero esta vez y en esta manifestación frente a la Embajada (y otra en los alrededores del consulado) no llenaron las aceras a pesar de convocar a más gente porque unos grupos de la izquierda británica y del exilio latinoamericano ocuparon un lado de la calle para vocear su apoyo a Nicolás Maduro. Entre los defensores estaba Hands Off Venezuela (al cual pertenece Alan Woods).

Por supuesto, los de Capriles son la mayoría acá y como siempre ganaron las elecciones en el Reino Unido. El Gobierno bajó dos votos desde 7 Oct. terminando en 64 votos contra 1.419 de Capriles y una abstención de casi 32%. Veamos las pancartas que reflejaron lo que pensaban los manifestantes. El más escandaloso era el regaño al Gobierno británico por no apoyar a Capriles y la petición velada de intervención al estilo de Irak, Libia y… Las Malvinas/Falklands, usando como la proverbial zanahoria el petróleo del país. ¡Una pancarta provocativa! Dudo que un/una venezolana hubiera atrevido meter a Las Malvinas como ejemplo a seguir: solo pudo ser inventado por un novio inglés cuya “girl friend” apoya a Capriles. “Cada loco…”. Difícil creer que cualquiera de los venezolanos presentes se hubiera atrevido a sostener tal reclamo. De todas maneras la pancarta anuló el objetivo de la protesta.

En su comunicado lacónico los británicos simplemente declaran que en vista de la inauguración de Nicolás Maduro como nuevo Presidente el gobierno de RU quiere trabajar en conjunto con el Gobierno y pueblo de Venezuela “para fortalecer las relaciones y profundizar la cooperación en áreas de mutuo interés”; expresa además una preocupación por informes de violencia poselectoral e urge a todos a trabajar juntos para reducir tensiones y prevenir más brotes de violencia. Mientras tanto, en la Madre Tierra, los españoles dieron un giro copernicano reconociendo a Maduro como Presidente después de haber metido la pata diplomática al exigir un reconteo de votos. El arrepentimiento repentino de España por su propia cuenta obligó a la Union Europea a aceptar los resultados de las elecciones y conformarse “sin querer queriendo” o sea, a regañadientes. El reto de Maduro de que España debería ocuparse por los 25% de desempleados les dolió. El último (re)conteo en España es 27% de desempleados; 25.000 colombianos ya han salido del país. Hasta venezolanos con doble nacionalidad han abandonado el “sueño hispano” para buscar fortuna en RU, Alemania y Francia… y aun regresar a Venezuela.

De los tantos comentarios poselectorales flotando en el ambiente después de la elección la tónica emergente parece ser la de querer pintar a Venezuela como un país dividido en dos partes iguales dialécticamente irreconciliables: es decir entre chavistas y no-chavistas. Una apreciación peligrosa y errónea porque se presta a diseñar y eventualmente crear la opinión sobre un país al borde de una guerra civil. Según posibles y malintencionadas interpretaciones, factores externos podrían inventar pretextos para revolver las aguas oscuras, armando supuestos ejércitos de salvación nacional o “Free Venezuelan Army”. El ejemplo de Siria es patente y siniestro justo cuando los poderes se están buscando —contra los consejos de expertos— una oportunidad para intervenir militarmente después de haber efectivamente armado a la oposición jihadista. El factor que impide una intervención ahora es que no saben exactamente a quién apoyar y armar para garantizarles ganancias geopolíticas y económicas después del conflicto. En el caso de Venezuela, EEUU, España y Colombia han gastado (y perdido) millones de dólares y euros en financiar grupos e individuos que ni pudieron derrocar a Chávez ni cambiar el Gobierno. Al instalarse un Gobierno de derecha en Venezuela, EEUU y sus aliados pedirán sin falta lo prestado con altos intereses; exigirán su “libra de carne” humano, tal como lo pidió Shylock en El Mercader de Venecia (Shakespeare).

Creo, por lo tanto, que los comités de solidaridad en el exterior deben atender y neutralizar esta corriente de opinión tan peligrosa. Tampoco le conviene a la oposición ir por este camino por el daño irreparable que hace una guerra civil y una lucha fratricida en un país que se ha caracterizado por la convivencia entre familias y ciudadanos pese a las diferencias políticas.

El economista estadounidense, Mark Weisbrot sostiene la opinión de que EEUU demuestra su desprecio hacia la democracia venezolana al intentar (una vez más) desconocer los resultados de la elección presidencial. Esta vez, argumenta, el intento peca de “torpe”. Para el economista, si Washington hubiera reconocido los resultados, probablemente Capriles no se habría aliado con los duros de la MUD reclamando un supuesto robo de votos. Recordando la historia electoral de mismo EEUU, Weisbrot señala que George W. Bush ganó a Al Gore en 2000 por apenas 900 votos sin reconteo y a pesar de serias dudas. Dirigiéndose a lectores del periódico británico The Guardian, Weisbrot condena el intento de EEUU de intervenir como una farsa, considerando que tanto España como la OEA ya reconocieron la victoria de Maduro; y la auditoria al azar de 54% de las maquinas. Conclusión: la ofensiva de la oposición de cuestionar los resultados cae por su propia cuenta y apenas levantó vuelo, por falta de viento.

The Financial Times: El corresponsal Benedict Mander comenta sobre los cambios en el tren Ejecutivo alegrando el hecho de que Giordani ya no goza del poder económico que tuvo y lanzando la pregunta si Merentes, como ministro, sería mejor. Condenando los diez años de Giordani en el rol, Mander bromea que cualquier reemplazo del “Monje” es bienvenido ya que, según Mander, Giordani ha fracasado estrepitosamente en navegar la barca de la economía. Mander cuenta que Merentes cuenta con una dosis de pragmatismo, es más accesible y más abierto a un dialogo con el sector privado. Para los capitalistas, la primera tarea del nuevo ministro será de relanzar Sicad que podría ser una plataforma más flexible y “user-friendly” para obtener los dólares a una tasa de cambio más razonable. Mander termina con una nota de preaviso: a Merentes le gusta emitir bonos y “sería una forma de bajar la tasa de cambio en el mercado negro”.

Y hablando de la economía y la solución que ofrecen los países desarrollados: la austeridad, un estudiante deTrafalgar Mark Weisbrot posgrado, Thomas Herndon, abrió una brecha en la tesis dominante de dos eminencias de Harvard University que el alto endeudamiento frena el crecimiento. Resulta que la tesis formó la base de la política estadounidense de podar el gasto público para poder regresar a un crecimiento robusto. Aunque se entabló una controversia entre el estudiante de 28 años y los dos profesores, ninguna sangre ha llegado al río. Lo que sí sirvió el descubrimiento no es que no se puede confiar en los pronósticos de los economistas —ya sabemos eso— sino que hay que revisar con más cuidado sus estudios. El incidente me hizo recordar de los dos ilustres economistas venezolanos de Harvard que llevan años asesorando a las distintas olas de oposición entre la Coordinadora, Súmate y ahora la MUD sobre los últimos catorce años.

Al fin y al cabo sigue vigente la tesis keynesiana de que la deuda pública pueda, bajo ciertas circunstancias, jugar un papel importante en salir de una recesión. ¿Será por eso que Venezuela ha evitado una recaída triple o doble como RU e UE?

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