Edición 589: Pepe Delgado

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Lavinia González

lavigonzal@yahoo.com

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Pepe Delgado

Amigo de los amigos “por encima de todas las cosas”. Su partida de nacimiento dice que José Ángel Delgado Rivero nació en Araya, estado Sucre. Narrador de beisbol, baloncesto y boxeo, toda la vida ha competido con él mismo, “es mi lucha”, y guardará el micrófono “cuando Dios lo decida, pero mientras me dé voz y ganas de trabajar, seguiré haciendo lo que sé hacer”. Su emblemática frase, “Papita, maní y tostón”, le dio nombre a la taquillera película venezolana homónima, mientras él dio sus pininos como actor, pero antes, en 1998, incursionó en la animación con Festival, programa sabatino de Rctv que no tuvo el éxito esperado. En 1995 se lanzó como candidato a la Alcaldía del municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, pero fue derrotado. Hoy, “¡juapiti juapiti!”, como suele gritar en los estadios, Pepe Delgado se confiesa con Las Verdades de Miguel ¡sin poncharse, marcando inning del Alma llanera y cantando al son del bolero!

Lavinia González                             

–Primero, permíteme recuperar el aire…

–¿Esa frase la guardó para popularizarla durante la fiesta deportiva de Río 2016?

(Jajajajajajajajajaja).

–Desde las gradas de los estadios, el fanático le grita a los narradores deportivos no piropos, precisamente, sobre todo cuando se equivocan. Y usted debe haberlos recibido en cantidades industriales, ¿o nos equivocamos?

–¡Qué te lo cuente yo, que he vivido esa experiencia!.. (Y cambia sus lentes “para verte mejor” por unos de cristales negros, aunque el astro rey tiene “prohibida” la entrada al CCCT)… Al principio fue un poco traumático, pero ya pasé esa página, forma parte de los recuerdos de quien se inicia en la narración deportiva. Sin embargo, en líneas generales y haciendo un recorrido por la historia de la fanaticada y el deporte, debo decir que me siento privilegiado porque gozo de un cariño y de un respeto que muestran de viva voz y sin complejos, en donde quiera que estoy, desde la persona más humilde hasta el señor más encopetado, que se me acercan para decirme “mi familia te quiere mucho”, entre otras frases hermosas que me comprometen a ser cada vez mejor ser humano y profesional. Mi mamá siempre dice: “¡Polvo de oro en el aire para todas esas bendiciones a mi hijo!” (risas).

–Qué tan duros fueron sus inicios en una actividad donde la competencia no es de hits ni de jonrones, sino el “no me vas a quitar a mí pa’ ponerte tú”.

–Duros, ¡vaya qué fueron!, porque antes de obtener el título o certificado de locutor, reprobé dos veces el examen. “Como que te he visto otras veces”, me dijo un jurado el día que me presenté por tercera vez a la prueba. “Sí, y me siento nervioso porque de reprobar, no optaré más”, le manifesté… Ese día mis nervios salieron de Petare, llegaron a El Silencio y el examen se presentaba en San Martín (risas). “Apúrese con la prueba antes de que me ataquen los nervios”, le dije al profesor. Finalmente, como a la tercera va la vencida, obtuve mi premio por el que tanto había competido. Luego, con el título en mis manos, Víctor Carrillo (secretario del dueño de los Leones del Caracas de entonces, Oscar Prieto Ortiz), un maracucho hijo de margariteño al que no puedo obviar porque fue el que convenció a mi tío (Francisco Rafael Rivero Romero, casado con Gisela, la hija mayor del “Negro” Prieto) para que me metiera en el circuito de los Leones del Caracas, cosa que no fue posible mientras estuvieron Carlos Tovar Bracho y Delio Amado León, ambos considerados figuras inamovibles; entonces, Carrillo habló con Carlitos González (quien tenía serias desavenencias con Tovar y León). “Necesito tener pruebas de que el muchacho tiene condiciones y capacidad para narrar, el que sea sobrino de Francisco no es garantía”, le manifestó.

Me fui a La Guaira, donde Ventura Gómez y Atilano Hidalgo convencieron a René Estévez para que me diera la oportunidad de aprender a narrar porque necesitaba llevar a Caracas una muestra de mi narración. Fue en el César Nieves de Catia La Mar donde aprendí a narrar, si es que aprendí algún día. Una vez aprobado, Carlitos me puso como subnarrador, mientras Delio Amado quedaba con Gonzalo López Silvero y Mario Dubois (QEPD, los tres fueron íconos de la narración deportiva). Con López Silvero, quien me aupó mucho, fui narrador de la Liga Interamericana de Beisbol, con ella viajamos a República Dominicana, Puerto Rico y Panamá. Bien, lo cierto fue que Carlitos logró colocarme en los equipos Magallanes (con Abelardo Raidi) y Tigres de Aragua (con Foción Serrano, un sucrense de voz extraordinaria).

–Está echando la historia de quienes fueron la fuerza motriz de esos clubes en el pasado, pero, qué pasaba con usted.

–¿Conmigo?, bueno, me daban uno que otro out para poder aguantar estoicamente ese desdén, ese ligero desplante para no dejarme entrar, “¿y éste, qué hace aquí?”, se preguntaban sin decirlo, sólo mirándome. Abelardo Raidi llegó a decir que yo, en vez de cobrar, debía pagar para que narrara en el Magallanes. Y Roberto Ribeiro no sólo le daba la razón, sino que se reía, me echaba broma y mamaba gallo; con él aprendí muchas cosas, muchos detalles. Cuando Carlitos (González) me pone a narrar en el Magallanes, el director de Deportes de VTV, Germán “Chiquitín” Etteddgui, me abordó en el Estadio Universitario: “Me gusta tu voz, ¿no tienes interés en narrar en televisión”? Le pregunté si me estaba mamando gallo, “pues allí es donde quiero estar, se supone que es allí donde está la meta”, le contesté. Entonces, me invitó a ir al canal para que “te incorpores el lunes al staff de Venezolana de Televisión”. Todavía no me llamaba “Pepe”, sino José Delgado, pero ese gusanillo de querer ser narrador (si bien lo hacía en Araya, estado Sucre, donde nací, narrando imaginariamente cosas), fue producto luego de que mi tío me llevó al estadio para ver el partido final Caracas-Tiburones de La Guaira (que ganaron los Leones), y posteriormente, conocí a Juan Vené en casa de Maritza, una de las hijas del “Negro” Prieto. Fue allí donde afloró lo que quería ser, “pero esa es una carrera muy difícil, tienes que leer y estudiar mucho, y ser locutor”, me recomendó Juan Vené.

–Y siguió los consejos del experto al pie de la letra.

–Efectivamente (sonríe y se acomoda en el sofá). Pasado el tiempo, cuando lo volví a ver, me preguntó si no quería narrar con los Yanquees de Nueva York, pues él trabajaba en la emisora radial de los Yanquees. “Con mucho gusto”, le respondí emocionado. A los seis meses me llamó: “Llegó la hora, nos vamos a Nueva York, trabajaremos a partir de marzo”. Esa vez mi emoción era por otro motivo, me acababa de casar, y así se lo hice saber a Juan Vené (era enero de 1975), su respuesta fue: “El tren pasa una sola vez”, y se llevó a Beto Perdomo. Años después le comenté al propio Vené lo que tuve que afrontar. “Tú naciste para algo muy importante porque a nadie se le dan segundas oportunidades, tú las has tenido porque tú mismo las buscas y encuentras”, dijo. Seguidamente, le confesé mi gran deseo: triunfar en Venezuela porque el éxito aún no me había sonreído, no irme a Nueva York.

–¿Cree haber triunfado?

–¡Cómo será de difícil triunfar que todavía siento que no lo he hecho! (Carcajada).

–Es muy humilde al decirlo, mas, ¿no se siente cual “vaca sagrada”?

–No, no, no. Antes sí había “vacas sagradas”, eran aquellas que les ponían trabas a los jóvenes que tenían aspiraciones de hacerse un nombre en la narración deportiva. Yo, al contrario, me he convertido en un puente para quienes buscan ocupar un lugar en ese escenario; es mi manera de cancelar el que Dios me abriera las puertas, soy una llave de Dios para que los demás no tengan traumas, le doy consejos a quien me los pide. Hoy, las “vacas sagradas” son las que montan el espectáculo, los que manejan el negocio (ellos saben quienes son), no los narradores, nosotros somos piezas para mover y dejar afuera. Entonces, no he triunfado; triunfar es cuando los equipos y las televisoras tienen necesidad de ti.

 

 

“Viejito y todo, pero en televisión soy un show”

–¿Lo que otros escriben de usted en las redes sociales, no le produce arritmias cardiacas?

–En absoluto. Con Carlitos González aprendí que lo importante es que hablen, bien o mal, pero que hablen. Eso me aligera el equipaje.

–Como no es monedita de oro, quienes no pueden ni escucharlo, dicen que su estilo de narración no puede ser copiable porque está demodé, pasado de moda.

–Y quienes lo dicen no están errados. Mi edad no se ajusta a lo que ellos quieren de los más jóvenes, o sea, un show. No obstante, en televisión yo soy un show; la caja cuadrada requiere de un payaso, de un animador, y yo he hecho de eso para divertir, que es mi propósito. Los conocimientos que un locutor esboza en beisbol y baloncesto, no son absorbidos por el 90% del público, éste se queda con “papita, maní y tostón” y con otros tipos de detalles. El que Pepe Delgado esté de moda lo decide el rating. Y en TVes, cada vez que hay un rating, me llaman en privado para decirme: “Te felicito, viejito, todavía haces sonreír a la gente” (jajajajajajajajaja).

–¿La narración deportiva le ha hecho rico?

–Los narradores deportivos somos muy mal pagados. Esa es otra tristeza. Ahora ponen cuatro narradores para que tú no te alces pidiendo más dinero; la manera de manipularnos es “si tú no vas, tenemos tres que sí quieren ir”. A la persona que quiso implementar eso conmigo, le narré un año, nunca más; él manejaba el Magallanes.

–Al saber de este tipo de coacción, muchos jóvenes con talento para narrar deportes se inhibirían…

–Si uno de esos jóvenes fuera hijo mío le diría que se olvide… Una vez me fui de TVes porque no quise aceptar la propuesta de William Castillo, entonces presidente del canal, de que narrara de manera distinta. “Narro como narro, hermano, y si no, hasta aquí llego yo”, le dije y me fui. Después el mismo Castillo me pidió el favor de que ayudara a Winston cuando estaba entrando a la televisora. Si no actúo como actué, me hubiese quedado allí, en un rincón, esperando recibir instrucciones porque yo era un genuflexo, un tonto. Soy irreverente producto de eso.

–Ya no se le ve narrando boxeo, por qué.

–Winston Vallenilla, presidente de TVes, conversó conmigo para que compartiera la narración boxística con Nanú Díaz, pero éste como que dijo ‘ese show es mío, yo me como solo este caramelo’, y no dejó que la gente viera qué tipo de narrador de boxeo soy yo. Eso hizo que me distanciara un poco de mis compañeros; era una bonita oportunidad de brindarle al país un estupendo trabajo. Y si quieres saber qué pasó co el baloncesto, pues te diré que me dio muchas satisfacciones, aunque narrarlo no estaba en mis cálculos.

–Quién lo bautizó “Pepe”.

–Jesús Leandro, el padrino de mi hijo mayor. Él me decía: “Compadre, ¿usted se va a llamar José Delgado?, no, tiene que llamarse Pepe Delgado, pues el mejor narrador que hemos tenido se llamó Pancho Pepe Cróquer (Francisco José Cróquer) y a lo mejor te asocian con eso”. Y no se equivocó. Me dio esa suerte.

–Caracas sin beisbol, ¿se imagina este escenario?

–No, pues el mundo es de intereses. Sin embargo, de suceder lo que nadie quiere, Caracas sin beisbol sería bien triste.

“El bolero es producto del sollozo y el llanto ahogado de un poeta”

–“Tengo 67 años intentando cantar y ahora es cuando más o menos estoy llegando”, dijo. ¿Ya llegó?

–Canto desde que era un niño. Allá en Araya, mis amiguitos y yo nos recostábamos de la puerta del bar de la señora Celedonia, que estaba cerca de la playa, para oír a Chico “Sensación” Salas y a Ginette Acevedo. Ya en Caracas, trabajaba en Morris E. Curiel, donde mensualmente hacían excursiones que pagaba la propia empresa, para conocer Venezuela. Viajábamos en autopullman y yo siempre me llevaba un cuatro, que tocaba muy mal, lo que obstinaba al resto de los pasajeros. Un día el dueño de la compañía me preguntó si quería trabajar en contabilidad o en la música. Mi respuesta fue rápida: “Quiero cantar”. Entonces dijo que me pagaría un año con un profesor de canto., “pero no quiero que nadie lo sepa, el día que alguien me pida una beca para cantar, te quito la tuya”, me advirtió. ¿Sabes quién fue mi profesor de canto?, pues Eduardo Lanz. Mis compañeros eran José Sánchez Guillot y Betulio Medina, lo que me sirvió para aguantar la voz hasta ahora, dar mi voz de pecho con conocimiento, que es lo que hago en el beisbol y que se llama ese halo de luz que llega al público porque es un agudo. ¡Hooooooooooooooooooooooooombre dándole la vuelta al cuadro! o ¡Le quedó pequeño el parque a Andrés Galarraga!, es una manera de cantar. Esta información es inédita, nunca la había contado; prácticamente, es el relato de mi vida (risas).

–Cómo fue concebido Al son de este bolero, donde hace de presentador y canta.

–La idea no es nueva, era mi proyecto desde hace bastante tiempo. Cuando vi que pararon a Delia Amado León, que aún estaba en condiciones, para poner a otro (muy bueno, ciertamente, Fernando Arreaza), me vi reflejado en ese espejo, escarmenté en cabeza ajena, escuchaba a mi abuela (a quien Dios tenga en la gloria) y a mi mamá (que aún vive). Yo me he ido y me llaman para narrar, pero ahora quiero cantar porque me gusta y porque paga más y mejor, que narrando beisbol.

–Por qué no otro género musical.

–Porque el bolero es poesía y me crié en la tierra del gran poeta Cruz Salmerón Acosta. Me nace decir bien las cosas, el bolero induce a que el público que te oye le haga caso a la letra; aquí la gente oye música, no letra. Quiero pararme en una tarima y decirle al público “vamos a tomarnos esta medicina”; el tiempo que dure mi show quiero convertirlo en un consultorio médico, decirle a un paciente que sólo tiene que ser feliz “porque todo está dentro de ti”. El bolero es producto del sollozo y el llanto ahogado de un poeta, que lo vierte en una letra para poder decir “te amo”. Cuando Winston Vallenilla me entregó formalmente el programa, lo hizo con estas palabras: “Trata de rescatar algunos jóvenes que canten boleros y te los traes para acá”. El mandado, sin embargo, no ha sido fácil, pero no me cruzaré de brazos, seguiré buscando.

–Salir en TVes podría ser “comprometedor” para alguien que no es chavista, así se considere la reencarnación de Felipe Pirela…

–En días pasados, mi productor Neitham me entregó varios tuits diciendo: “Sólo un tuitero mezcló el programa con la política, el 99% restante felicitó al canal y a Pepe, porque no sabía que cantaba”.

–Hace poco, un usuario del Metro criticaba su look, “parece un capo de la mafia con esos lentes negros”, le comentó a un amigo, que se carcajeó.

(Jajajajajajajajaja) –Soy respetuoso de las críticas y confieso que mi esposa me preguntó por qué usaba lentes negros en televisión. Le dije que en publicidad hay una cuestión que se llama imagen para vender, eso lo aprendí y por eso cambié de lentes cuando comenzaste la entrevista.

–¿Las penas se van cantando?

–Creo que sí, se aligeran las cargas o se olvidan un poco.

–¿Sólo desde el despecho se despotrica de un viejo amor?

–Hay quienes no consiguen otro camino u otra puerta para desahogar su pena, pues sienten que su amor no debió ser traicionado, abandonado. Respeto esos desahogos, pero no quiero vivirlos (risas).

–¿A qué sabe su erotismo?

–¡A gloria!.. Tienes que preguntárselo a mi mujer, aunque es poco expresiva.

–El sexólogo y psiquiatra Rómulo Aponte dice que el sexo es muy vulnerable al estrés y al sufrimiento, y que en un país donde hay tantas dificultades para todo, el placer se convierte en un derecho expropiado.

–Estoy de acuerdo con esa opinión. Como el cerebro maneja todo, es importante que el hombre, por ejemplo, conduzca con tino su situación y abandone, a la hora de estar en la intimidad, los malos recuerdos; de no hacerlo se va a bloquear ¡y no se le levantará ni la mirada! (Carcajada).

 

“Me arrepiento de haber disuelto mi partido Pacífico”

–Dicen que las tristezas de los políticos son largas y las felicidades cortas. ¿Así fueron las suyas mientras hacía campaña política?

–Viví esos momentos con mucha alegría porque gozaba de la fuerza de mi juventud, y estaba entregándome a una labor noble, que era buscar la felicidad del pueblo, que es lo que dicen todos los políticos al final. Quería que mi gente supiera que quien quería detentar el poder estaba a la par de ellos.

–Fundó un partido con sello propio.

–Sí, se llamaba Pacífico y estaba inspirado en Mahatma Gandhi. En mi niñez viví momentos de calentura, a los 16 años pertenecí al MIR, tuve amigos que fueron guerrilleros y aún viven, cuando converso con ellos me alientan para que siga en mi mundo del arte, pues son demasiados los altibajos de la política.

–En 1995 apostó como candidato a la Alcaldía del municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, pero no ganó. Hoy, mirándola desde otra perspectiva, ¿cree en la necesidad de reinventar la política?

–Son los hombres que manejan la política los que deben reinventarse. Es necesario que nos olvidemos de los ismos y comencemos a trabajar por el bien común. Los hombres se juzgan por los resultados, cada quien que se mire en el espejo de lo que ha hecho y que su conciencia lo deje dormir en paz.

–A quienes le llaman “chavista”, qué les responde.

–Soy un revolucionario y bolivariano respetuoso del ideal y concepto que nos dejó Renny Ottolina… Compartí con el presidente Chávez en varias oportunidades y siempre sin salirme del deporte. Me deshice de Pacífico porque escuché el llamado de Chávez de que íbamos a resolver los problemas como él (el máximo líder), estaba indicando. Y mira lo que pasó.

–¿Arrepentido?

–De haber disuelto Pacífico, sí. Pero tengo grandes amigos tanto en el chavismo como en la oposición. Mi vida es Venezuela.

–Cuando ya no quiera estar en un escenario cantando, a dónde dirigirá sus pasos.

–Mi sueño es construir una posada turística en Araya, allí haré de anfitrión y le cantaré a mis huéspedes. Tengo varios años con un proyecto y no he podido llevarlo a cabo, vivo actualizándolo. Se lo dí a mi amigo Jesús Faría para que me apoyara; “hermano, no se ha podido”, me comentó… Araya es un paraíso, pero bueno, el Adán o la Eva que lo maneje, que recoja sus frutos.

–Tal vez la ministra de Turismo se entere de su proyecto y…

–Políticamente, ya no tengo interés. Julio Verne dijo que a la política hay que entrar joven porque viejo vas a morir en el intento.

–En la política hay señores de la tercera edad, incluso.

–Sí, pero entraron jóvenes, las mañas las aprendieron en el camino (jajajajajajajajaja).

PingPong

–Este año, qué equipo morderá con la boca cerrada.

–Podrían ser los Tiburones (jajajajajajajajaja).

–Cuando narra un juego, ¿sufre como una madre?

–No, al contrario, me divierto como un padre feliz.

–¿En su casa se habla de deportes?

–No, ni mi esposa ni mis hijos lo hacen; a los nietos (uno es caraquista y el otro, magallanero) le están inculcando el amor por la pelota.

–¿A los hombres les gusta que las mujeres sepan de deportes?

–Sí, cómo no. Ahorita hay una venezolana, Carolina Guillén, que se destaca hablando de deportes. Dios la bendiga. Ella vive en Estados Unidos.

–¿Varón domado o machista compulsivo?

–Lo confieso, soy el varón domado de la familia, donde mi esposa es la que manda desde hace 41 años, el tiempo que tenemos de casados.

–Ustedes sí debaten…

–Mi secreto de esa durabilidad matrimonial: no discutir, darle la razón aunque ella no la tenga; mi esposa se molesta cuando no le peleo (carcajada).

–Qué es música para sus oídos.

–Hasta el roce de los cristales me hace sentir el agudo de un Pavarotti o de un Plácido Domingo, por ejemplo.

–Si pudiera congelar una imagen en el tiempo, cuál sería.

(Baja la cabeza y solloza) –“La imagen de mi abuela Ricardita, fue una mujer muy especial, ella me crió” (escribe en un papel, no puede hablar).

–¿No siente deseos de escribir en un periódico?

–Quisiera, pero eso conlleva mucho tiempo. Y yo quiero tiempo para vivir la vida y disfrutarla con mi familia, eso sí, sin olvidarme del bolero.

–Migue Salazar canta y no desafina…

–Cada vez que tiene chance aprovecha para que yo le cante boleros y no cancelarme las entradas. Él y José Gregorio Rodríguez, el autor de Coctel de camarones, abusan de mi amistad (jajajajajajajajaja).

–Si le pido que emita su juicio acerca de Las Verdades de Miguel, qué diría.

–Siempre compro el semanario y tengo la costumbre de comenzar a leerlo por la última página. Miguel es un hombre brillante, en su pluma se le nota el haber cabalgado en los lomos de los libros. Saber jugar al juego de la política es difícil y más difícil es decirle verdades a los amigos sin que se sientan heridos, por eso la columna de Miguel es tan leída.

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Acerca Lavinia González

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